No sé si es la incesante voz que me recuerda a diario todos los agravios que cometí en su contra, lo mucho que la admiro y desearía ser como ella o lo convencida que estoy de no merecer compartir este lazo de sangre, con un ser tan excepcional y valioso. No sé muy bien qué será, pero me cuesta escribir sobre ella.

Solo sé que entiende el mundo de manera diferente, que las ventanas de su alma están llenas de color y de un ánimo que a mí hace mucho tiempo se me perdió; que tiene un talento especial para hacerme reír que muy pocas personas en este mundo tienen; que el tiempo se detiene, la gente sonríe y Dios se complace cada vez que ella canta; que es pacificadora por excelencia, y es profundamente sensible al dolor de los demás; solo sé que no conozco a otra persona ─después de mi mamá, que esté dispuesta a pasar las noches más negras, turbias y frías del alma atribulada de una persona tan complicada como yo.
Muy poco se expresa con simplemente agradecer su presencia en mi vida, pero es lo único que puedo hacer.
Gracias Gato, jamás entenderás cuánto te ama tu hermana mayor.