No ha dejado de llover en días.
Quiero pensar que el tiempo que he tenido para observarlo todo con detalle desde mi ventana preferida de la casa no ha sido tiempo perdido; ha sido el suficiente para poder disfrutar el sonido de las gotas caer sobre los árboles que apenas están empezando a dejar brotar sus hojas, ver cómo la grama café amarillenta, muerta, revive a un fuerte color verde que se hace cada vez más vibrante mientras el agua recorre cada una de sus fibras, y el olor a tierra mojada que se mezcla a la perfección con el aroma del café que acompaña cada una de mis lecturas.

He tenido suficiente tiempo para leer, escribir, observar, pensar, seguir leyendo y aislarme cada vez más de la humanidad mientras disfruto el caer de la lluvia.
He tenido suficiente tiempo para darme cuenta de cómo usé todo lo que mi entorno me ofrecía para esconderme del mundo de una manera sutil, y de cómo segregué dentro de mí cada una de mis virtudes y características, ocultando en el lugar más recóndito de mi memoria aquellas que me hacían diferente, aquellas que hacían resaltar las partes más bellas de mi carácter, porque en algún lugar del camino me hicieron creer que había algo malo con ellas.
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La soledad destila cierta toxicidad que me aterra, pero aprendí a disfrutarla: El café sabe más delicioso, la lluvia se escucha más fuerte, los libros se hacen más anchos y profundos, la música se hace más intensa, se aprende a olvidar que las cicatrices alguna vez fueron heridas, que entre sus marcas existe una belleza que no se halla en la perfección, se aprende a reconocer la hipocresía y se valora más la compañía de aquellos que están porque siempre estuvieron ahí.
No me gusta estar sola porque mis pensamientos son mi peor compañía, pero he aprendido a callarlos, a saber cuando me están mintiendo y cuando vale la pena escucharlos─ algo que me aún me parece imposible hacer con los que están afuera de estas cuatro paredes. No me gusta estar sola, pero fue en la soledad que pude ver hacia atrás y recordar el momento en el que me perdí en la traducción de lo que era y lo que quería ser, por culpa de lo que estaba afuera; de cómo me olvidé la simpleza y detalles pequeños de las cosas, porque ingenuamente creí que romper el molde que los que estaban alrededor me imponían era algo malo.
Hoy sé que ese es el propósito de mi presente soledad: encontrar todas y cada una de las piezas de mi propia esencia, esa que alguna vez rompí y enterré por miedo a quedarme sin la compañía de aquellos de los cuales era objeto de burla, por el afán de querer encajar en un mundo que me quedaba demasiado pequeño y no pude darme cuenta; sin embargo hoy tengo suficiente tiempo para revertirlo, para recuperarme a mí misma, volver a conocerme y volver a conectarme con la belleza tan diversa que estaba dentro de mí que alguna vez rechacé, solo así podré salir de nuevo a interactuar con los demás, solo así podré socializar nuevamente con libertad: cuando termine de aprender a abrazarme a mí misma en la soledad.
No ha dejado de llover en días, lo he observado todo con detalle desde mi ventana preferida de la casa, y ha valido la pena cada segundo.
Hermoso!!
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